diciembre 08, 2007

Falsos desiertos


Una novedad para mí después de leer el libro de Vila-Matas: comienzo a creer que de alguna forma yo también padezco el síndrome de Estocolmo, algo, por cierto, imposible de explicar aquí en el blog, y mucho menos algo adquirido con la lectura. Pero nunca se sabe.

El último cuento -pero sospechosamente el libro teje una secreta línea de sombra- habla sobre la necesidad de ciertos artistas de estar solos. Casualmente, al terminar el libro de V-M encuentro en le magazine littéraire (monográfico de "la solitude") un artículo de Patrick Drevet titulado "La solitude de l'écrivain", o sea, la soledad del escritor. Allí se lee lo siguiente:

"No es necesario escribir para conocer la soledad, pero el movimiento que engrana a la escritura viene como una prolongación de la experiencia solitaria. Y la escritura, de cualquier forma, conduce a ésta ineluctablemente. Porque ella es evidente y simboliza una aspiración común, la soledad del escritor es a la vez una figura de nuestro imaginario."

[...] Aquí un montón de cosas interesantísimas.

"Escribir, es liberar la mirada de la soledad absoluta que se lleva sobre la soledad absoluta del otro. Es tratar de expresar la relación específica que se tiene con el mundo y cuya propiedad es ser extática, sin modelo, indecible. El objeto de semejante tarea no puede por sí mismo más que, sin cesar, reconducir a la soledad; pero la tarea misma refuerza este aislamiento por el uso desviado, como pervertido, que hace de la palabra. [...] La soledad a la cual [el escritor] está consagrado deshace las convenciones que en todo momento se instauran, ella lo llama hacia aquello que él no ha dicho, le muestra un ideal siempre otro. Él avanza en un desierto que no es jamás suficientemente desierto."*






*Traducción al vuelo de moi (que en francés sería algo en el sentido de "mía" o "de mí"; o bien, en español, el apócope de mi nombre.).

diciembre 01, 2007

El abismo y el vacío: lecturas recientes

Hace algún tiempo encontré en una librería de viejo de la ciudad, El libro vacío de Josefina Vicens, el cual había estado buscando sin resultados. Curiosamente, ese día entré por un mero reflejo consumista. Estaba en uno de los estantes más bajos, oculto entre libros cuya cubierta de plástico había sido sustituída por una de polvo. Me acordaba de todo esto en la FIL de Guadalajara mientras descubría gustosamente una reedición de El libro vacío, en la que aparece también Los años falsos de la misma autora. He tomado este descubrimiento, igual de azaroso que el primero, como una señal para releerlo precisamente ahora que ando rondando por abismos y vacíos, ajenos y personales.




Este último asunto se nota sobre todo en mi lectura en turno: Exploradores del abismo de uno de mis escrutitores preferidos, Enrique Vila-Matas. Y como todos estos asuntos parecen estar encadenados por fuerzas realmente extrañas y sobrenaturales, debo decir que antes he leído Los hechizados de Gombrowicz, del que he salido no muy bien librado.

noviembre 20, 2007

El oficio: breve noticia


Ahora que el clima es propicio para leer mucho, o para escribir, o para leer y escribir o simplemente para vivir; ando leyendo el nuevo número de la revista Crítica, cuya imagen ha quedado muy ad hoc con la ambientación de este blog. Ahí he encontrado un cuento titulado Blanco de Gabriel Wolfson, que narra la vida de un novelista muy mexicano y, lo mejor, "de pueblo". Yo querría ser uno de esos escritores dueños de un videoclub que me dejara las ganancias suficientes para sentarme frente a la computadora y escribir las grandes novelas que irían a parar, bellamente engargoladas, al librero de los inéditos. El relato de Wolfson me ha hecho recordar un cuento de Daniel Espartaco que leí hace un par de años, también por esa tónica del escritor antihéroe y, sobre todo, desenfadadamente antimetaliterario -qué bonito trabalenguas. En su cuento Homenaje, Espartaco relata buena parte de las obsesiones de un escritor maduro que es homenajeado contra su voluntad en su ciudad -vamos a decir en su pueblo- natal, rodeado del ambiente de la burocracia cultural.

Volviendo a Blanco de Wolfson, el novelista, todo un arquetipo del escritor mexicano actual -pensemos en uno no tan encumbrado y más bien joven- nos lleva, también con sus obsesiones y sus malestares propios de la vocación, a una experiencia que, en todos los finales de cuento o de la vida es mejor que todos los premios literarios: la posibilidad de la escritura.

noviembre 18, 2007

Olvidarse y desaparecer

Hace unas semanas leí La hierba roja de Boris Vian y encontré algunas coincidencias con temas que me han estado rondando últimamente. Estoy sospechando ahora, pero no quiero especular demasiado, que monsieur Vian ha sido un maestro importante de Cortázar, pero claro, si todos han sido maestros de todos, y yo no sé de qué trata la vida. Pero es como el dólar: un día sube, al otro baja; o como la vida: un día estamos, al otro ya no (véase el filme chileno Cachimba).

Un buen libro para estos inviernos que comienzan. Y los que faltan...

noviembre 10, 2007

Los Simpson sí educan

En el número 148 de Tierra Adentro aparece un texto en el que se hacen algunas referencias literarias en Los Simpson. Su autor, Eduardo Huchín Sosa, menciona que hasta Octavio Paz -pero sólo es un rumor- decía que estos dibujos animados "nos resumen". Yo diría que a algunos hasta nos moldean. Y bueno, para quienes crecimos viendo este programa y somos, además, enfermos de literatura, este artículo le viene muy bien y sirve para decirle a nuestras madres: "¿Lo ves? Yo te lo decía."

Definitivamente, tal como dice Huchín, "Los Simpson no sólo han constituido la comedia humana por excelencia de esa transición que va del siglo XX al XXI, sino que han conformado un cúmulo de cosas que hemos aprendido sin darnos cuenta: un compendio singular de música, literatura, televisión e historia. Finalmente, después de 18 años, Springfield nos deja el mismo sabor del mundo: es horrible y está lleno de gente indeseable, pero es el único lugar del universo donde los guardias de seguridad leen a Victor Hugo."